sábado, 22 de abril de 2017

La Democracia, un análisis histórico y conceptual

La Democracia, un análisis histórico y conceptual


En cuanto al concepto de Democracia y su comparación con otros sistemas de Gobierno, podemos remontar el origen del término a la forma de gobierno que se utilizaba en Atenas y otras ciudades de Grecia a partir del siglo V a.C. También destaca en su origen la gran importancia del movimiento revolucionario del cristianismo, que buscaba desaparecer las supuestas diferencias naturales entre hombres libres y esclavos, defendiendo el ideal de igualdad de los hombres ante Dios, sin distinción alguna. La democracia puede ser definida a partir de la clasificación clásica de las formas de gobierno realizada en un principio por Platón, y luego por Aristóteles, en tres formas básicas de gobierno:

· Monarquía, que viene a ser el gobierno de uno;
· Aristocracia, para Platón el “gobierno de los mejores”, para Aristóteles “el gobierno de los menos”;
· Finalmente, la Democracia, para Platón “el gobierno de la multitud” y para Aristóteles “el gobierno de la mayoría”.

Sin embargo, desde mucho antes de las grandes sistematizaciones históricas elaboradas en el siglo IV AC por Platón y Aristóteles, se puede decir que los griegos tenían una reflexión bien avanzada sobre los asuntos de la política, pues Heródoto en el Libro III de sus Historias describe un episodio imaginario en el siglo VI AC en Persia, a la muerte del rey Cambises, y que reseñó en el siglo V AC.

En dicho episodio se da una discusión entre tres personajes persas, Otanes, Megabyzo y Darío, en donde cada uno argumenta en favor de cada una de las formas de gobierno que serían factibles para la ciudad.  En ese sentido Otanes propone entregar el poder al pueblo, pues es injusto y ya se había pasado por la experiencia de las insolencias de Cambises, en cambio el gobierno del pueblo lleva en primer lugar el más bello de los nombres, isonomía (igualdad de derechos políticos); y en segundo lugar, nada hace de aquellas cosas que un monarca hace.  Pues por sorteo se ejercen los cargos públicos, los magistrados son obligados a rendir cuentas del ejercicio del poder, toda decisión es sometida al voto popular.  Al rechazar la monarquía se da el poder al pueblo, pues todo es posible para el mayor número.

En cambio para Megabyzo, conferir el poder al pueblo significaba algo obtuso, pues no había nada más prepotente que una multitud inepta, y que no hay nada más insolente que un irresponsable populacho, pues son incapaces de darse cuenta de sus acciones, pues solo son capaces de tal acción los que han sido instruidos, por lo cual este personaje se inclinaba por la Aristocracia.

Finalmente, para Darío, quien se pronunciaba en favor de la Monarquía, opinaba que cuando el pueblo gobierna, es imposible que no se origine la corrupción en la esfera pública, pues ella no genera enemistades, sino sólidas amistades entre los malvados: los que actúan contra el bien común lo hacen conspirando.

Luego, volviendo a Platón (428-347 AC), en varias de sus obras   se describen las diversas formas de constitución, especialmente en tres de sus diálogos, la República, el Político y las Leyes.  Normalmente se entiende que a cada forma de gobierno bueno, sucede un gobierno malo por degeneración de sus instituciones, pero para Platón, el ciclo comienza con una Aristocracia como forma de gobierno bueno, a la cual constantemente van sobreponiéndose formas cada vez más degeneradas de gobierno, en este orden, la timocracia, la oligarquía, la democracia y la tiranía, finalmente debe entonces aparecer un gobierno bueno, que para Platón es indiferente si se trata de una Monarquía o una Aristocracia.

En la forma platónica la sucesión es solamente descendente, pero tradicionalmente se entiende un movimiento ascendente y descendente como lo plantea Aristóteles, quien pensaba que a la monarquía sucedía la tiranía, luego se sobreponía la aristocracia, degenerando en oligarquía, y venía la politeia como forma buena del gobierno del pueblo, la cual terminaba degenerando en democracia (para él era la forma mala del gobierno del pueblo).  Sin embargo, cuando intentaba describir cuál era la peor forma de gobierno, el orden era este monarquía, aristocracia, politeia, democracia, oligarquía y tiranía.

Para Polibio, existen como formas buenas de gobierno, la monarquía, la aristocracia y la democracia (para Aristóteles la Democracia tiene connotación negativa), y como formas malas la tiranía, la oligarquía y la oclocracia.

Ahora bien, pasando de este recorrido histórico a concepciones un poco más modernas, tenemos que la fuente de inspiración fue la Democracia Ateniense para consolidarse en Estados Unidos y Francia a través de sus Revoluciones.  Pero obviamente hay un gran problema, Atenas era una pequeña ciudad con ámbito territorial limitado, con una población escasa y homogénea, que permitía fácilmente que los ciudadanos atenienses se reunieran en el ágora a deliberar y tomar allí las decisiones sobre las cuestiones que afectaran a la comunidad.  Además estaban excluidos tanto mujeres como esclavos de las deliberaciones.

Trasladar ese sistema a naciones grandes y complejas, que ocupan áreas geográficas extensas, integradas por grupos que son étnica, religiosa y culturalmente diferentes, con diversos niveles de educación y poder económico, constituye de por sí, el primero de los problemas prácticos para la realización de la Democracia, y para resolverlo se buscó interpretar la voluntad colectiva a través de los mecanismos del sufragio. Así que siendo la Democracia Directa imposible, lo que queda es conformarse con la Democracia Representativa.

En la actualidad, la Real Academia Española define la Democracia como “Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos” y “Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes”. Entendemos entonces que la democracia es un sistema que permite a un conjunto de individuos organizarse, y en el cual, el poder no radica en una sola persona sino que se distribuye entre todos los ciudadanos. Por ende, las decisiones se toman según la opinión de la mayoría. Igualmente en la actualidad, la democracia se asocia al respeto a la dignidad humana, a la libertad y a los derechos de todos y cada uno de los miembros de una sociedad.

Se reconocen diferentes tipos de democracia en la actualidad:
· Se habla de democracia directa o pura, cuando las decisiones son adoptadas en forma directa por el pueblo;
· La democracia indirecta o representativa se refiere al sistema donde las decisiones son tomadas por aquellas personas a los que el pueblo reconoce como sus representantes legítimos, los cuales son elegidos a través de un sufragio por todos o por buena parte de los ciudadanos;
· Finalmente, hablamos de una democracia participativa cuando el modelo político permite que los ciudadanos se organicen para ejercer influencia directa sobre las decisiones públicas.

La democracia participativa, viene a implicar una participación ciudadana mayor que en la democracia representativa, pero menor que en la democracia directa. No obstante, la naturaleza híbrida de la democracia participativa hace que también se la denomine como Democracia Semidirecta, pues esta, más que constituir un sistema en sí mismo, se puede comprender como práctica complementaria de la democracia representativa para reforzar la participación ciudadana.

Según algunos especialistas hablar de “democracia participativa”, es algo redundante, pues el significado de democracia es "gobierno del pueblo", lo cual de por sí, ya implica ser participativa. Por lo cual, el termino de democracia participativa normalmente se utiliza para definir el tipo de democracia donde la participación del pueblo es más activa que en la democracia representativa, donde el pueblo normalmente incide en la toma de decisiones sólo cuando elige a sus gobernantes. Es por ello que la democracia participativa asume como uno de sus objetivos que el ciudadano no limite su papel dentro del sistema democrático sólo al ejercicio del sufragio, sino que asuma un rol protagónico y activo dentro de la política, tanto a nivel comunitario, como regional y nacional. Hablamos entonces de democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociación y organización, de tal modo que pueden ejercer una influencia directa en las decisiones públicas de los gobernantes o cuando se facilita a dichos ciudadanos amplios mecanismos plebiscitarios consultivos.   Es decir, se manifiesta usualmente por medio de referendos o plebiscitos a los cuales los ciudadanos someten a los representantes gubernamentales, también a través de las iniciativas de la misma ciudadanía, presentando proyectos, leyes, entre otros mecanismos a sus representantes.

Uno de los primeros en sustentar la idea de una democracia directa viene a ser Jean-Jacques Rousseau en su «Contrato Social». Él lo definía como “aquel régimen político en que la adopción de decisiones de interés general para la comunidad corresponde a la totalidad de los ciudadanos, que se pronuncian respecto de ellas de modo personal e individualizado, esto es, el clásico ideal del autogobierno”. Rousseau en contra de la democracia representativa, sostenía que “desde que un pueblo delega su soberanía en representantes, pierde libertad y soberanía”. Por lo tanto, para dicho autor se debía rechazar contundentemente el principio que sirve de fundamento al sistema representativo, ya que la voluntad general es por sí misma inalienable y, por consiguiente, es incapaz de ser ejercida por medio de representantes. Más bien, el principio democrático señala que todos los ciudadanos deben participar de manera directa y personal en la elaboración de las leyes a las cuales aceptan someterse.

Rousseau llegó a afirmar que “el pueblo inglés cree ser libre pero se engaña: lo es sólo durante la elección de los diputados, volviendo luego a la esclavitud, a la nada”. Viene a ser la Revolución Francesa, donde se plantea un primer intento de síntesis entre la democracia directa y un sistema representativo. Como afirman los autores franceses Moderne y Bon: “Se puede afirmar que la idea misma de Constitución permite la expresión de la voluntad popular, materializa el principio de soberanía popular y hace posible que los órganos constitucionales, en primer lugar el Parlamento electo, aseguren una representación correcta del pueblo”. Es entonces a partir de la experiencia de la Revolución Francesa que se aceptó, la necesidad y la utilidad de una adecuada combinación de la tesis rousseauniana de la democracia directa con el sistema representativo.

Hoy día es casi totalmente aceptado que la forma de gobierno directa es técnicamente impracticable, tanto por la extensión territorial y la densidad de la población de los Estados modernos, como por la complejidad de la vida moderna, haciendo necesario que los órganos estatales tomen decisiones rápidas y altamente tecnificadas, las cuales no pueden estar siendo constantemente  sometidas a la deliberación y aprobación de todos los ciudadanos. Por esas y otras razones es que todos los Estados modernos, sin excepción, se han organizado políticamente bajo el principio representativo.

Sin embargo, las formas de participación directa comenzaron paralelamente a ser tomadas en cuenta. Quienes se oponen a la introducción de los institutos de democracia semidirecta justifican su posición en que éstas responden a una lógica distinta a la del moderno Estado de Derecho. Una de estas figuras viene a ser la del Referendo, que somete al orden político de manera inmediata y constante a una voluntad política cambiante de la ciudadanía. Este mecanismo recibe innumerables críticas, por parte de los defensores de la democracia representativa por la innegable facilidad de manipulación que puede tener desde el poder establecido, como lo demuestra la experiencia latinoamericana y la experiencia fascista en Italia. Se acusa, que el referendo se termina convirtiendo en un plebiscito, el cual está exclusivamente destinado a ratificar políticamente en el poder a ciertos gobiernos de facto o las decisiones del gobierno de turno. No obstante, los argumentos de los defensores de la democracia participativa para sostener la existencia del referendo, es que, si el gobierno representativo es un modelo irremplazable, los instrumentos de democracia semidirecta complementan los mecanismos representativos y les otorgan, además, una legitimidad democrática adicional.

Durante el siglo XIX, en el cual prevaleció el constitucionalismo de corte liberal, se otorgó más confianza a los representantes y por lo tanto a la capacidad de los mismos en el ejercicio directo del poder sin mayores condiciones. El juego político quedó prácticamente monopolizado por los partidos políticos a través de los Parlamentos. Por lo tanto, se debió esperar al constitucionalismo de entreguerras para que se incorporara definitivamente la figura del referendo como fórmula de participación directa de la ciudadanía en las decisiones más importantes, a fin de superar las deficiencias que habían puesto en crisis el sistema parlamentario en varios países europeos, como la República Alemana de Weimar, Checoslovaquia y España.

Luego de finalizada la II Guerra Mundial, Bélgica, Francia e Italia adoptaron la consulta popular directa de tipo refrendaria. A partir de finales de la década de los años sesenta se produce un verdadero brote de los institutos de democracia semidirecta o participativa en Europa, de forma tal que fueron numerosos los ordenamientos jurídicos que los incorporaron en su seno. Incluso Inglaterra, país tradicionalmente reacio a la celebración de votaciones populares, organizó varios referendos a partir de 1975. Hoy día, en Alemania, Bulgaria, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal, Suecia, Suiza, entre otros, se han incorporado las instituciones refrendarías en sus textos constitucionales.

En América, Estados Unidos presenta varios mecanismos de consulta popular refrendaria a nivel estadal. En América Latina, por su parte, existen prácticamente en todos los países con la excepción de Bolivia, Honduras, México y República Dominicana. En Asia, dicha figura se encuentra presente en Japón y en Oceanía, lo presenta Australia. Finalmente, en África se pueden exhibir los casos de Costa de Marfil, Gabón, Marruecos, Namibia y Senegal.

La participación viene a ser el elemento más destacado dentro de la democracia participativa o semidirecta, entendemos entonces que dicho aspecto no ha de limitarse, a que las autoridades locales y otros organismos públicos informen a la población de sus actividades y decisiones o inviten a los ciudadanos a presenciar sus debates, sino que implica escuchar a la población en la formulación de sus propios problemas y en la búsqueda de oportunidades y mejoras. Además, es indispensable proporcionarles los medios para dirigir distintas acciones, ya sean políticas, sociales o económicas con propósitos de cambio. La democracia semidirecta destaca ciertas formas de participación, como; principalmente, la Participación en la Toma de Decisiones, mediante procesos de elección de quiénes serán los integrantes de los órganos de Gobierno, sino también, mediante espacios institucionalmente abiertos para consultas sobre los contenidos de las políticas y programas de gobierno. La Participación en la Ejecución de Decisiones, desconcentrando y descentralizando la gestión política, permitiendo así, una participación más activa de la ciudadanía. La Participación en el Control de la Ejecución, estableciendo mecanismos que permitan verificar el desarrollo de los procesos, ya sea para apoyarlos, corregirlos, mejorarlos o incluso rechazarlos. La Participación en los Beneficios, permitiéndole a la población aportar su perspectiva para el desarrollo integral de sus comunidades, municipios, estados o nación.


Actualmente, la democracia participativa no sólo se manifiesta mediante mecanismos refrendarios o la participación de la población en debates, mucho menos en el sufragio universal y directo, sino que se expresa por medio de diversos mecanismos, como presupuestos participativos, consejos vecinales o diversas consultas populares. Una etapa más avanzada de la democracia participativa, es la creación de mecanismos de deliberaciones mediante los cuales la ciudadanía, con su propia participación, está habilitada para expresarse por igual con puntos de vista ya sean mayoritarios o minoritarios. Aunque todo sistema democrático ha de apoyarse en decisiones mayoritarias, los mecanismos o instituciones participativas tienen el propósito de manifestar el pleno respeto a las minorías, sus opiniones y una amplia manifestación a través de un mecanismo participativo e institucionalizado.

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